La Atalaya

A lo largo de la historia, todas las regiones del planeta contaron con vigías o centinelas en puntos estratégicos, dotados siempre de una gran cuenca visual. Estos emplazamientos solían estar ligados al relieve, tratándose siempre de elevaciones del terreno como cumbres, cerros, promontorios, cimas, crestas y lomos; atalayas, en definitiva, en donde desarrollaron su misión, durante interminables jornadas, los atalayeros que las ocupaban. 

Tenerife contó con numerosos enclaves montañosos destinados a la vigilancia costera, repartidos por todas las zonas de isla: Guaza, Montaña Centinela, Montaña Gorda, Montaña de Fasnia, El Púlpito, Montaña de Taco, etc. Así, durante cinco siglos han tenido presencia en ellas cientos de atalayeros guarnecidos en casetas de madera o goros de piedra. Estos solían ser vecinos de la zona (capaces y con buena vista), desarrollando su tarea en interminables jornadas de vigilancia diurnas y nocturnas.

Atalayas de Anaga

Si hubo una zona de mayor presencia de vigías en la isla, esa fue la península de Anaga, destinadas a la defensa de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, pero también con fines protectores del monte. Llegó a haber atalayeros de manera más o menos permanente en el tiempo en cumbres como Tafada, El Sabinar, Igueste de San Andrés, Mesa de Tejina (precisamente conocida de manera popular como “La Atalaya”) y San Andrés (que efectuaba tareas de repetición de lo transmitido desde la de Igueste).

Entre las tres primeras se estableció una particular red de comunicación que permitía llevar un aviso, mediante hogueras y banderas, desde Tafada, que contaba con visión de la costa norte tinerfeña, hasta Santa Cruz, sirviendo las otras dos de “repetidoras”. Este hecho determinó que la atalaya iguestera fuera considerada como la principal de la isla, estando en uso y manteniendo comunicación directa con el Castillo de San Cristóbal hasta mediados del siglo XIX.

Recientemente se ha realizado un trabajo arqueológico en los puestos de atalayas de Anaga, mediante la recuperación de medio centenar de documentos históricos, lo que ha permitido llevar a cabo análisis geoespacial del territorio, dando como resultado la recuperación de toponimia y la reconstrucción de las líneas de visibilidad entre atalayas, a la vez que se desarrolló un programa de prospecciones arqueológicas.

Vigilant: Arqueología de los espacios de vigilancia y atalayas en el Noroeste de Tenerife

La Atalaya de Igueste

Así, en lo alto de la atalaya de Igueste estuvo apostado durante varios siglos un puesto de vigía, del cual quedan hoy en día, junto al vértice geodésico, restos del muro del goro de protección que utilizaron estos centinelas para pasar en esta cima días y noches, observando el mar desde las alturas.

La labor de vigilancia e información de las atalayas en Anaga se mantiene durante los siglos XVII y XVIII, jugando un papel fundamental en la lucha contra la piratería inglesa, que en esos años azotaba las costas canarias porque nuestras islas eran paso casi obligado para las naves que iban y volvían de las Indias, recalando frecuentemente en nuestros puertos para su aprovisionamiento. A día de hoy se conserva la edificación de piedras y barro de planta rectangular, techo abovedado, contrafuertes y restos de encalado interior y exteriormente.

Precisamente esta atalaya jugó un papel clave en la defensa de Tenerife frente a dos de los ataques ingleses más célebres y recordados de la historia isleña. La tarde del 5 de noviembre de 1706, fue el vigía de esta quien alertó de la llegada de la flota de John Jennings y el 19 de julio de 1797, Domingo Izquierdo, atalayero de Igueste, dio aviso del avistamiento de la escuadra de Nelson que unos días más tarde pretendiera, sin éxito, tomar la isla y cayendo derrotado a consecuencia de la Gesta del 25 de julio de 1797, liderada por el General Gutiérrez y protagonizada por cientos de isleños, tanto civiles como militares.

Puesto de vigía de la Casa Hamilton & Cía

A finales del XIX este enclave de los altos de Igueste de San Andrés cambió de uso y fue utilizado por la consignataria Hamilton & Cía. como posicionamiento de atalayeros para dar aviso al personal de esta empresa en el puerto de la próxima llegada de naves necesitadas de labores de carga y descarga de fletes. En lo alto de esta atalaya (hoy llamada “de los Ingleses”) trabajaron como vigías los vecinos de Igueste Agustín Gil y su hijo José, quienes residieron en esta cumbre, refugiados en una modesta caseta de madera, la friolera de 12 años (desde el 20 de septiembre de 1886), con un salario anual de 2.200 pesetas.

A finales de 1898 la consignataria dejó de tener apostados a sus vigías, ya que acaba de entrar en servicio una instalación militar que ofrecía más y mejores prestaciones hacia la Armada, pero también destinada al puerto chicharrero: el Semáforo.

Hoja del archivo de la Casa Hamilton & Cía.
(Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife)